El Bosque

Personal, Relatos 22 de March del 2009

Hoy estaba leyendo el blog que antes mantenía cuando me he encontrado con este relato. Es de las últimas entradas que escribí en el blog. Me tomo la confianza de rescatarlo del olvido ^^.

Se adentró en el bosque. Siempre le habían gustado las casas de campo; las horas de reflexión y descanso en aquel lugar le libraron de más de una crisis. Era frecuente que ella se adentrase en ese paraje lleno de vida y a la vez lleno de quietud. Los llantos solían unirse al canto de algún pájaro que desconocía la situación de la joven mujer. Allí solía pensar, lejos del bullicio de la ciudad, lejos del resto de la gente. Le gustaba la naturaleza en estado salvaje. Solía decir que la naturaleza era cruel, pero al menos lo era sin saberlo, los humanos lo sabíamos, y eso era inadmisible. Lo cierto es que siempre fue una mujer de principios, quizá su principal defecto en un mundo donde todos tenemos un papel asignado.

Pero esta vez era distinto. No le preocupaban demasiado las discusiones de trabajo o los problemas que tenía con esa mujer que decía ser su amiga. Ahora se sentía traicionada por la persona que más quería y la única que le quedaba en su vida. Se sentía perdida, no podía ser verdad lo que estaba pasando. Caminó durante algo más de media hora. Su cuerpo empezó a temblar de impotencia, sus largos y lacios cabellos le tapaban la cara y difícilmente podía mantenerse en pie. Decidió sentarse junto a un árbol. Habían tenido muchos problemas. Siempre lo había aceptado, pensaba que era el precio que había que pagar al ser tan diferentes. Sin embargo, lo ocurrido hace una hora la había abatido irremediablemente. Tantos años cuidando de él, ayudándolo, soportando su tono despectivo y egoísta, y ahora para él todo eso no significaba nada.

Una ardilla se acercó a ella. En cualquier otro momento habría visto desde lejos el pequeño animal, tenía gran empatía con ellos, algo no especialmente extraño ya que trabajaba por y para ellos. Pero esta vez las lágrimas le dificultaban ver su alrededor. La ardilla parecía sentir tristeza al ver a la joven llorar. Tenía una expresión tan humana y a la vez tan inocente… Pasaron algo más de dos minutos cuando el canto de los pájaros se convirtió en un silencio inquietante y poco después éstos echaron a volar con un ritmo frenético. La ardilla levantó la vista y, quizá al observar aquella estampida, escapó rápidamente. Si por lo menos pudiera haberse despedido de aquel precioso animal…

Empezó a tener una sensación rara, el bosque empezó a parecer hostil. Se secó las lágrimas. No podría describir lo que estaba ocurriendo pero le invadió una sensación de temor, sólo quería huir de ahí. Empezó a correr hacia su casa. Conocía aquel lugar a la perfección. No tenía ninguna duda de que era en aquella dirección, pero el Sol no podía situarse en aquella misma trayectoria, estaba aún amaneciendo, no tenía sentido. Empezó a sentirse mareada y sus piernas no le respondían como ella deseaba. Percatándose de ello se dio unas palmadas en la cara para intentar no perder la consciencia, pero no consiguió nada. Quería correr más rápido de lo que su cuerpo le permitía en aquella situación. Tropezó cayendo torpemente sobre el suelo. Afortunadamente la vegetación amortiguó el golpe. Sin embargo, veía tan borrosos los árboles…

El bosque



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