Crisis Creativas
Personal, Relatos 4 de November del 2008
Una cama, una pluma y una ténue luz. Un escenario desierto de derroches, como desierta está su mente. Mantiene la mirada en una pobre mosca que intenta resguardarse del gélido ambiente que azota la ciudad. En sus últimas horas de triste vida y el insecto todavía no comprende lo que es un cristal. Un escalofrío le recorre al pensar en ello.
“Caprichosa es la inspiración” escribe en un papel lleno de frases sin coherencia. Frases que en sí mismas son notables, pero juntas conformarían un gran despropósito.
Y es que a hay días en los que se come el mundo, en los que podría hablar de cualquier tema, en los que podría sorprender con una disertación sobre la vida o quizá sobre la muerte. Pero también hay días en los que sólo se creería capaz de escribir una de esas historias sobre escuelas de magos púberes.
Y resulta paradójica esta situación, pues ahora toda su vida está llena de alegrías y buenas noticias. Sin embargo, las crisis creativas y las existenciales tienen la amarga manía de alternarse, y sólo escribes cuando el estado anímico está bajo mínimos, y sólo puedes balbucear cuando todo sonríe.

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