Puertas Entornadas
Personal, Relatos 1 de November del 2008
Debían de ser las 11:30 de una fria noche, en un casi desierto tren. Estaba escribiendo, como acostumbro hacer cuando tengo un papel y un rato ocioso. Recuerdo que relataba una historia de trasfondo feliz. “Esta historia sí que le gustará a mi musa” me dije. Sin embargo algo me llamó la atención, en frente una chica sollozaba mientras murmuraba un nombre. Tuvo que llegar después de mí, pero sumergido en mis pensamientos habría pasado por alto ese detalle.
Me quedé observándola unos segundos, cuando ella advirtió el signo de interrogación que contenía mi penetratante mirada. En un espontáneo gesto de vergüenza se cubrió la cara, y lejos de querer incomodarla, seguí con mi relato. Sin embargo, mi curiosa mente no podía pensar en otra cosa sino en la chica de ojos tan tristes como negros.
En una acción casi improvisada por mi subconsciente escribí sobre el papel en letras grandes “Si sonríes en este momento, no dejarás de ser feliz”. No sé porqué, pero giré el papel e hice un gesto para que lo leyera.
- ¿Qué pretendes?
- Nada, pero esa cámara está grabando, y llorando no sales muy favorecida.
Sus labios carnosos esbozaron una disimulada risa.
- Vale, me has hecho sonreir.
- Pues no quiero que vuelvas a estar así nunca.
- Lo dudo mucho con ese capullo cerca.
Tras unos segundos, contesté:
- Piensa en lo que vale ese tio, valora lo que te quiere, y abre la puerta de las oportunidades.
- Quizá sí…
El silencio se hizo. Su cara reflejaba el alma en ese momento. Unas arrugas aparecieron en su frente en un gesto de reflexión, mientras sus ojos se perdían en un punto arbitrario del techo.
Me tenía que bajar en la próxima estación, así que procedí a despedirme.
- Debo bajarme aquí.
- ¿Quieres tomarte un café? Quizá tengas razón en eso de la puerta.
- No es el momento, pero nos veremos pronto seguramente.
- Al menos dame ese papel, ¿no?
Se lo di. A continuación rompió un pequeño fragmento del mismo, escribió un número de teléfono y me lo dio sonriendo pero sin mediar palabra.
Sus manos custodiaban el resto del papel. De la historia que escribí no recuerdo mucho más, pero espero que le guste.

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