Limites Inciertos
Personal, reflexiones 2 de August del 2008
Algunos dicen que hay un bonito juego al que llaman “vida”. Para decir verdad, nunca lo había considerado un juego. Tampoco un problema, sino una realidad moldeable con un gran lastre, difícil de manipular.
Dentro de ese gran juego una amiga me enseñó que hay un juego llamado “amor”. Sí, había sido hablar de él. De hecho alguna vez lo había jugado aunque nunca me había gustado su nombre pues lo veía demasiado gastado, demasiado exprimido. Prefería quedarme con el concepto en vez de con los adornos, nombres y demás florituras que solía recibir por parte de la gente. Lo curioso de ese juego es que sabías el objetivo, pero no la forma de conseguirlo, así que el camino más largo y sinuoso podía ser el mejor, o quizá fuera simplemente un bonito suicidio.
Siempre vi unos límites en él. Todo juego tenía reglas. ¿Por qué este no? Siempre los respeté, puesto que ahí los veía y para qué acercarse: parecían sólidos.
Hubo una vez que una persona que se encontraba más allá del límite me invitó a traspasarlo. Vi que las pérdidas ya no tendrían valor y, sin embargo, la sensación de libertad y de aventura iban a ser más que considerables. Tuvo su gracia, pero algunas situaciones son fugaces y todo vuelve a la normalidad.
Sin embargo, esa amiga me enseñó también que los límites no eran sólidos sino gaseosos. Tendían a expandirse, impidiendo una vista clara, desplazando el oxígeno, limitando los movimientos de la gente. Pero tenían un punto débil: al ser gaseosos podían ser traspasados tan sólo proponiéndoselo. De hecho, me dijo que los límites son personales, uno mismo los crea y a la vez se hace esclavo de ellos. Así que traspasarlos es cuestión de voluntad en caso de que ya existan, y de ignorarlos cuando se dejen ver en la mente.
Me dijo que los límites son, en realidad, producidos por miedos. Reacciones ante el miedo a un futuro incierto, miedo a un final peor, miedo a cambios aunque puedan ser buenos, etc. Sin embargo no todos los límites tienen que ser perjudiciales. Y distinguir los 2 tipos no era fácil.
A veces traspasarlos es una clara forma de acabar mal el juego. Si traspasas el límite que realmente era importante, el golpe puede ser grande. Incluso el problema no tiene que estar en traspasar el límite, sino en el momento en que lo hagas. Si te precipitas, caes al vacío.
Otras veces es la forma de empezarlo. Si no rompes límites, no hay juego. Y cuando los traspases, podrás empezar a conseguir lo realmente ansiado.
Y otras veces es la esencia del juego. Romper límites, y cuando lo hayas hecho, romper más y más. ¿El problema? Que los límites se pueden acabar, y cuando ya no haya más… ¿en qué lugar estarás? Puede que encuentres el mayor premio pensable o puede que estés perdido.
Lógicamente lleva su riesgo traspasarlos pero también puede aguardar la gloria detrás de ellos. La elección es sólamente tuya.

(+3 puntos)
Osea…q todo esto lo podriamos expresar como…q hay ciertos limites impuestos por las circunstancias y los propios q establecemos nosotros mismos,no?? Jeje, y q cuando algo realmente nos interesa, tenemos q sopesar si rompemos esos limites o los mantenemos…correcto??
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Bueno pues personalmente creo, q si d verdad alguien nos importa, deberiamos arriesgarnos…podemos perder, es cierto, pero tambien tenemos q pnsar si nuestro premio puede ser algo mayor d lo q tenemos ahora…
Solamente ya decir truskito, q me pareces una persona increible y q no sabes lo q me alegro q una personita como tu..tome encuenta alguna de mis opiniones.
Un besote enoooome
Sólo puedo darte la razón porque tú eres la maestra sobre el tema, ^_^
Ahora en serio, sí, resumidamente (y aunque no me he centrado en los límites por las circunstancias) lo que quería decir es lo que has comentado.
Hay unos límites. Más allá está esperando algo bueno o algo malo. Y quien no se arriesga, no gana. Cada uno que sepa qué hacer…
Gracias por darme una idea para escribirla en el blog. El que está contento soy yo, jeje. Tú también eres una amiga increible
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Un beso,
Albert.